La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una doctrina poco conocida y misteriosa a la vez. Qué piensan, qué sienten y cómo lo defienden sus fieles.
Son las seis de la mañana. Luís Wajchman (de 49 años) se dirige al instituto de enseñanza mormónica ubicado en la calle Zabala y tres de Febrero en el barrio de Belgrano. Esta será una más de las clases que dará en el año bajo el cargo de director. Luís en su infancia creció en el seno de una familia judía. Pero luego de la inesperada muerte de su mamá a los 16 años de edad, decidió volcarse a la iglesia de los Santos de los Últimos Días.
Este mendocino es uno de los 355.987 miembros de esta religión en Argentina. En nuestro país, el único templo esta en Ezeiza. A diferencia de las capillas que están distribuidas por todos los barrios, partidos y provincias, a la construcción ubicada en la autopista Ricchieri no se puede acceder sino se es practicante.
¿En qué se diferencian la religión católica de la mormónica? Para empezar, ellos no esperan la llegada de Cristo sino que esta entre ellos. Thomas S. Monson quien ocupa el cargo de Presidente y profeta de sus miembros es el encargado de comunicarse directamente con el Padre Celestial (Dios) quien revela los manifiestos que deberán seguir los fieles. Acompañándolo (a Monson) hay dos consejeros: uno de ellos llamado Henry Eyring y otro cuyo nombre es Dieter Uchtdorf. Como en los tiempos de Jesús, doce apóstoles conforman el cuorum y son la primera autoridad luego de los consejeros. En la Iglesia mormona la jerarquía es por antigüedad. Al igual que el Papa, de la Iglesia católica, el cargo del presidente se mantiene hasta su muerte. Con la diferencia que en la religión mormónica, el presidente próximo será el más antiguo entre los apóstoles.
“Nosotros no fumamos, no tomamos alcohol ni café ni té”, dijo Luís mientras su voz se dispersaba por la sala de reuniones recubierta de madera maciza laqueada. Para los mormones estas acciones son perjudiciales para sus cuerpos, ya que este es su propio templo. Por ello no se permiten tatuajes ni perforaciones y los aros en las orejas, de las mujeres, deben ser discretos.
Hay algo que los hace especiales: “Es nuestra obligación cumplir con el mandato del diezmo que figura en el Evangelio. Debemos donar el 10% de nuestro sueldo mensualmente. Con ello logramos mantener las instalaciones y los materiales que se requieran”, argumentó Luís. ¿Pero qué sucede cuando uno es miembro y no tiene el dinero para cumplir con esta obligación? “Generalmente, los mormones ayunamos un día del mes y esa plata, que no gastamos en comida, la destinamos a los necesitados”, explicó el director.
Mis inicios…
Rocío es hija Rosana García. Como todos los chicos mormones al nacer fue considerada pura e inocente y por eso el bautismo fue una elección a los 8 años de edad (edad promedio de sus primeros pasos en la religión). El sábado a las cuatro de la tarde, la comunidad se encontraba reunida rodeando un gran piletón con azulejos celestes y barandas metálicas, semejante a los baños de aguas termales, con un gran espejo en su interior colgado en la parte superior que facilita a los asistentes la observación de la ceremonia.
Una vez que el agua invade la pileta, Rocío es sumergida por el obispo, vestido de blanco, que oficia la ceremonia. El viejo espíritu de la niña quedará enterrado bajo el agua y nacerá una nueva etapa en su espiritualidad.
En el instituto de enseñanza de Belgrano como también en otros, se dictan los cursos complementarios que todos los niños de religión deberán tomar. Se realizan mañana, tarde y noche de forma tal que no se interpongan con sus estudios obligatorios. Los miembros de edad escolar pueden asistir a cualquier colegio sea este católico, público o privado, siempre y cuando, cumplan con sus actividades religiosas.
En los mismos centros también pueden acceder a cursos recreativos aquellos que no pertenezcan a la religión. Sin embargo, estos institutos no solo sirven como centros de enseñanza sino que también pueden cocinar, utilizar los salones con usos múltiples y jugar al pool, al metegol y al vóley.
Cuando los chicos crecen pueden optar por diferentes cargos dentro de su comunidad. Pueden optar por ser misioneros, una actividad que ocupa dos años y financiada por la comunidad mormónica. A estos jóvenes se los conoce como “Élder” y tienen la posibilidad de recorrer el mundo predicando su doctrina. También pueden elegir el camino del sacerdocio, alguno de ellos pueden llegar a ser obispos y dirigir los encuentros dominicales llamados por ellos la santa cena donde se renuevan los votos.
Permisos y restricciones
Según su libro “Leales a la Fe”, considerada para ellos una nueva referencia del evangelio, lo más importante es mantener una imagen modesta y recatada. Respecto a la vestimenta se cree que el esposo o la esposa tienen la posibilidad de conocer el cuerpo del otro. Los short, las minis y las prendas ajustadas son vistas como ropa que “pueden estimular deseos y acciones que violen la ley de castidad del Señor”.
Tampoco se deben dejar llevar por la moda del momento. La apariencia es una mala conducta al igual que el uso indebido y excesivo del nombre de Dios. Es una relación directamente proporcional: mientras cumplan con la mayor cantidad de preceptos, los beneficios otorgados por el espíritu santo serán mayores.
No pueden utilizar malas palabras aunque estén en familia, entre amigos o en un ámbito público. Otro aspecto importante, además del buen hablar, es la pulcritud. Se debe estar presentable, limpio y prolijo en todas las ocasiones y vestido adecuadamente según la ocasión.
En el amor hay condiciones. Lo físico se deja de lado para darle lugar a los sentimientos. No se permite el sexo entre parejas no casadas ni tampoco los besos apasionados. Los jóvenes deben abstenerse a las tentaciones lujuriosas como hablar de sexo o compartir tiempo a solas y desocupados.
En cambio, en el matrimonio de la antigüedad se permitía la poligamia entre miembros de la religión mormónica. Pero, por una ley gubernamental de Estados Unidos, debieron acabar con esta práctica. Actualmente, quien practique esto será excomulgado.
“Nosotros aceptamos que nuestros hijos se casen con personas de otras religiones sin perder la esperanza de que se unan en un futuro al sendero de Jesucristo. No se pueden unir en el templo de Ezeiza donde solo se permiten los casamientos y bautismos de miembros”, comentó Luís. Sin embargo, sus hijos están totalmente expuestos a personas de diferentes religiones en su vida cotidiana. Por ejemplo, ir a colegios donde conviven todo el tiempo con jóvenes de otras culturas.
A diferencia de la religión católica, que al casarse dos miembros el cura recita la frase “hasta que la muerte los separe”, los mormones creen en el matrimonio después de la muerte. Su unión es por toda la eternidad al igual que los miembros de su familia. Los obispos también tienen la opción de casarse ya que para su religión lo esencial es procrear. “No hay nada más lindo que un padre bendiga a un hijo”, dijo Luís sincerándose.
Pero sus costumbres se agudizan aún más en el caso de los homosexuales. “Nosotros solo permitimos el matrimonio entre el hombre y la mujer porque el señor los dispuso así”, dijo Rosana García (de 32 años) la madre de Rocío la nena bautizada. “Yo conocí hermanos con condiciones homosexuales que se abstuvieron para cumplir con la ley de la Iglesia”, agregó Rosana.
La ceremonia del primer día…
Los domingos a las once menos cuarto del medio día varias personas se dirigen desde la calle Zabala, los hombres en traje y las mujeres con medias faldas y zapatos finos, a la capilla de Belgrano alistada con los cancioneros de tapa verde en los bancos y las ventanas abiertas para que entre la luz.
Sus miembros se disponen en diferentes bancos de madera reluciente mirando al estrado donde se encuentra el obispo junto con colaboradores, sentados en otros asientos restantes, para iniciar la ceremonia. La construcción de geometría vertical se asemeja al desarrollo recto y programado de la reunión.
El obispo actúa, durante todo el encuentro, como un mero conductor de los entreactos. Primero llaman a un niño pequeño y a su padre para confirmar el bautismo que se había realizado el día anterior. El obispo, el padre y sus colaboradores colocan una des sus dos manos sobre la cabeza del nene y repiten una oración a viva voz.
El templo es pulcro por donde se lo mire y las paredes junto con sus cortinas son de color natural. Solo algunos paneles de madera adornan el estrado. No hay imágenes. Ellos no adoran reproducciones tal como lo dice el Evangelio. Tampoco lo necesitan, porque Dios, para ellos, esta entre nosotros.
Los miembros van en familia. Desde bebés que se escuchan llorar, niños que se incorporan a la religión y jóvenes que colaboran con el agua y el pan. “El vino que se toma en la última cena de Jesús es un mero simbolismo para los mormones. Nosotros lo representamos con agua. Lo mismo sucede con su cuerpo. Para nosotros el hecho que Jesús este vivo no nos da derecho a ingerir su cuerpo. No somos caníbales. Por eso, es reemplazado por el pan”, explicó Luís.
En la ceremonia un grupo de cuatro voluntarios, mientras el silencio reina en el recinto, cortan en trozos el pan y colocándolos en pequeñas canastas de metal recubiertas por un círculo de tela blanca bordada es ofrecido a los presentes quienes lo consumen. Luego del pan, llega el turno del agua que se encuentra distribuida en pequeños vasitos, al estilo tasters, que la gente lo bebe y los coloca en una franja para los recipientes ya usados.
Al finalizar esta representación de la cena, los coros empiezan a sonar. Una pianista junto con un director de orquesta dirigen al coro improvisado. Unos pocos miembros son llamados para compartir discursos y enseñanzas con el resto de sus hermanos. Ese día los Rucker fueron elegidos para agradecer a la comunidad argentina antes de regresar a su país de origen: los Estados Unidos.
Cada orador comparte sus sentimientos con el resto de la comunidad mientras el nudo en la garganta les impide pronunciar las palabras. En el aire se respira una gran confianza como si todos fuesen una gran familia. Lo que siente el orador es también sentido por los presentes que se emocionan.
No hay oraciones de los fieles puestas en común y en voz alta. Lo único que repiten al unísono es amén luego de que el orador diga “esta es la palabra de Jesucristo”. El coro se escucha nuevamente y le da paso al discurso de algunos fieles que comparten su interpretación del Evangelio. Finalmente, luego del himno “¿Qué es la verdad?” una mujer subió al estrado para despedirse de los presentes. Todos se levantan y se saludan antes de dirigirse a la salida.
El lugar queda vació, hasta el próximo domingo cuando regresan para buscar la paz en su espíritu. Aunque para los mormones no es necesario. No hay prejuicios que pesen más que sus sentimientos y no hay teólogo que pueda explicar su religión. Su mundo gira alrededor de seres celestiales y de la devoción que los supera los 365 días del año.
*Esta nota fue realizada por las Eugenia, Rosario y Georgina para la materia Metodología de la Investigación el año pasado.