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Archive for the ‘Pensamientos’ Category

 

      De acuerdo a una vieja enseñanza que se sucede de generación en generación, tres cosas son obligatorias antes de morir o pasar a una nueva vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Como estamos en el siglo XXI donde tener un hijo no significa sortear tantos obstáculos-adopción, no se necesita de un marido, avances de la ciencia-y para escribir un libro hoy ya no necesitas ser Cortázar (¡la flogger Cumbio publicó un libro!), suponemos que estas reglas están obsoletas. En cuanto al árbol, es simple… ¿A quién se le ocurrió enumerar algo tan tonto? Al fin de cuentas, casi ni percibimos que se trata de un ser vivo. Hay mejores cosas para hacer en la vida antes de despedirnos. Esta es la lista:

 

 

 

1-    Cantar una canción a todo pulmón.

2-    Comprar algo excesiva e innecesariamente caro.

3-    Caminar en agua fría y después meter los pies en agua caliente.

4-    Hablar en otro idioma en un transporte público para parecer extranjero.

5-    Reírte solo

6-    Haber mirado un programa de chimentos

7-    Quemar algo en el microondas

8-    Comer masa cruda

9-    Volver descalzo de un boliche

10-  Releer el primer libro que leíste en tu vida.

11-  Ser picado por una abeja, para evitar el reuma! (y mientras aullas de dolor, adorar a la Madre Naturaleza x ser tan sabia, viendo el cadáver de esa maldita abeja!)

12-  Leer el kamasutra en el subte

13-  tener una conversación inventada por teléfono en medio de la calle

14-  entrar al baño del sexo opuesto a propósito

15-  Enamorarse de un profesor

16-  tener sexo con un extranjero.

17-  Empezar a leer un libro, dejarlo y prometer que algún día lo vas a retomar.

18-  Comer algo vencido que está en la heladera tan sólo porque tenías antojo de ese alimento.

19-   Enviarle un virus al correo de tu mamá porque nuevamente te llenó la casilla con cadenas cuyo contenido son presentaciones románticas en PowerPoint que no cambian el curso del universo.

20-  Escribir 20 cosas que harías antes de morir

 

 

Georgina y Rosario

 

 

 

 

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Esta plasmado en cuentos, grabaciones y manuscritos. En la antigüedad el rey delegaba órdenes y manejaba a pequeños pueblos ingenuos a su antojo. Esa sociedad, a su vez, estaba integrada por los nobles, los burgueses y los pobres quienes con su abundante o limitada cultura acataban decisiones o, en su defecto, se revelaban provocando pequeñas luchas que solían perder derrotados por la caballería de los poderosos.

El cuerpo humano se podría definir como el conjunto de varias partes cuya reinante, sin duda, es la cabeza. Desde ella se delegan acciones, ideas y sentimientos que no podemos evitar. Algunos seres pueden evadirlos pero para otros, más vulnerables, es tarea pesada. Y aquí es donde se genera la revolución, cuando inconscientemente queremos esquivarlas pero ya es tarde y se encuentran instaladas.

Ahora bien, es una locura comparar el funcionamiento de la mente de una persona de 20 años con el funcionamiento lineal de la sociedad en aquellos tiempos. Posiblemente cada uno saque sus propias conclusiones al respecto pero, a mi entender, no estamos muy lejos de esta comparación.

La medicina avanza, los experimentos científicos nos invaden y las consecuencias de hechos, que hasta ayer no eran relevantes, hoy lo son. Y vaya paradoja que quienes se encargan de explicarlos, estudiarlos y encontrarles solución son también personas que sienten, se angustian y quieren o no remediarlo.

Los miedos y las ideas alcanzan niveles inhumanos, que son capaces de superar a cualquiera de nosotros. El inconsciente funciona como arma letal cuando estamos débiles y al darnos cuenta cuesta derrotarlo. Pero allá vamos!!!

Increíble es poder transmitirlo pero difícil poder aceptarlo. Hace unos años los problemas no eran tan grandes como ahora, pero hay que aceptar que crecimos. Tan raro se siente.

Hay métodos pero deben existir las fuerzas. Esa es la clave del entendimiento de cantidad de cosas que guardamos en nuestro inconsciente y que podríamos solucionar abriendo la mente.

Eugenia

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Me enfrento a un ejército poderoso con su artillería pesada. El Ejército del Tiempo tiene más municiones que yo: segundos, minutos, horas.  Para el final del día el Ejército del Tiempo habrá ganado la batalla, con 24 horas disparadas contra mí. El objetivo: mi persona. Yo estoy en la mira desde…veamos, desde que fui engendrada. Fueron 9 meses que apremiaron a mi madre y para el Ejército del Tiempo fueron un total de, aproximadamente, 6480 horas (o balas).

Para no sentirme tan inquieta, divido a todas esas horas que me tienen “de punto” en años y en etapas. Ya he pasado la niñez, la adolescencia y ahora estoy entrando en una nueva. Esa es la que me aterra. Qué más quisiera que terminar la universidad o formar una familia o saber que tengo mi futuro resuelto. Un momento… ¿Dije que eso quería? No, no es tan así. Después de la universidad ¿Qué viene? Si todavía no tengo novio, ¿Por qué pienso en una familia? Y si tuviera novio, ¿Sabría que es el indicado? ¿Voy a poder vivir gracias a mi trabajo? No sería mala idea seguir otra carrera después que termine esta, aunque también considero la posibilidad de irme a vivir a otro lado, probar otra cultura.

No quiero alarmarme, pero estoy en mi segunda década ya. ¿No se supone que en esta etapa hay que madurar? ¿Por qué todavía pienso en mi baile de egresados, en mi último día de colegio, en mi último año ahí? ¿No tendría que sentar cabeza y pensar en el trabajo? ¿No tendría que ir averiguando otras posibilidades? ¿Cómo hago para conseguir novio? Peor aún, ¿PUEDO DEJAR DE PREGUNTARME  ESTAS COSAS? La verdad es que no.

Tomándolo con la mayor calma que me es posible, no debería sentirme tan intimidada. Sé lo que quiero pero por alguna razón cuesta ponerlo en práctica, al menos cuesta poner en práctica las vías que lleven a mis metas.  Supongo que es miedo a saber que estoy siendo más adulta que antes, que en algún momento voy a dejar de depender de mis padres-y con ello, de mi sustento económico-y me voy a volver  pura y exclusivamente una mujer independiente.  Ya pasó un tiempo de mi último contacto con alguien del sexo opuesto, ¿No se supone que debería ya conocer a alguien? Lo admito, he conocido gente pero no son compatibles a mí. ¡Ay, no! Voy a llegar soltera a los treinta…y Bridget Jones es un personaje literario y como tal, a pesar de todo, su mundo termina siendo de color de rosas. Pero mis estadísticas no muestran que un hombre como Mark Darcy se enamore tan fácilmente o siquiera encontrarlo en la vuelta de la esquina.

 La incertidumbre es un aliado del Ejército del Tiempo. Para colmo, no me siento dispuesta a abrir un diálogo con mi enemigo. Va aventajado, ya lo sé. Si tuviésemos un mapa  muchos de mis antiguos territorios estarían en su poder (Todavía me acuerdo de mis muñecas, que ya no pertenecen a mi realidad). Las estrategias de mi adversario durante estos veinte años han sido muy inteligentes: Los momentos más  esperados. Cuando ese acontecimiento, ese encuentro- o lo que sea que esperes-está acercándose, las horas pasan lento y tu nerviosismo aumenta. Con el nerviosismo, la adrenalina se dispara y una vez que todo se relaja y disfrutas del hecho en sí, el Ejército del Tiempo juega su carta: la velocidad. ¿Por qué cuando todo es perfecto el pasa volando y cuando tiene que irse rápido, los segundos parecen más duraderos?

El Ejército del Tiempo me está cerrando todos los flancos y el campo de batalla se reduce en tamaño. Sí, lo tengo que enfrentar de una vez y por todas: no hay escapatoria.

 

Rosario

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Se busca

La crisis no está en Wall Street. Podría jurarlo. La verdadera crisis está en mi cabeza que, desde que decidió usar el tiempo de las vacaciones para escribir, no ha podido tener ni una sola idea. Es simple. Parece que me olvidé cómo escribir. Como alguien se olvida una bolsa en el tren, las llaves en casa, el celular en lo de un amigo. Ya no se cómo combinar las palabras y poder transmitir un mensaje.

Mirando un poco más allá, me doy cuenta que la palabra Olvidar debe ser una de las más usadas en el vocabulario cotidiano. Porque tiene muchas más aristas que cualquier otro verbo y más significados que una palabra común y corriente.

Olvidar nos es algo que se aprende en el colegio, ni que lo enseña la familia, ni que se induce a través de ningún curso acelerado. Olvidar es placentero cuando nos permite seguir adelante y puede ser terriblemente cruel. Hay muchas personas que olvidan los favores de otros, que olvidan ser amables, que olvidan perdonar.

                Hay otros que lucran con el olvido, o mejor dicho, con el miedo a olvidar. Los fotógrafos, los psiquiatras, los psicólogos, los historiadores, los filósofos, los parapsicólogos, hasta las brujas y astrólogos. También a veces lo hacen los artistas cuando desean hacernos recordar una época histórica, una persona o un sentimiento. Así se pueden sumar a  los escritores, los actores, los cineastas, los compositores, los músicos, los artistas plásticos…

                El olvido es también un arma de destrucción. Es amigo de la ignorancia y compañero de la indiferencia. Es buena como venganza de una traición, es remedio de la soledad y también permite cerrar una página en la vida de cada uno.  Es, muchas veces, cruel y terrible, y hasta irremediable consecuencia de la fama. Artistas, actores y personalidades son desplazadas por el olvido: pasan de una vida exitosa y llena de reconocimiento a patéticos resabios de la sociedad. Ese es un olvido que lastima, que arde y que a veces lleva a la locura.

                Muchos dicen que el olvido es escapar a la justicia, pero a veces es mejor entender que los tiempos necesarios para olvidar cambian de persona en persona. El olvido es una gran herramienta que disuade, que permite borrar cosas innombrables hechas en el pasado: una especie de limpieza de prontuario express.

                Hay personas que viven en el olvido, como quienes se disfrazan a propósito, quienes parecen disfrazados o quienes se niegan a aceptar la realidad.   También hay marcas que dan la pauta de olvido o de que algo está en proceso de olvidarse como el luto, la desprolijidad en la apariencia, las lágrimas, el polvo, la soledad, la borrachera, la amnesia, la anestesia.

Así como muchas veces queremos olvidar, también hay cosas que vuelven como la decoración retro, la ropa vintage, y gente mayor que se viste y luce como niños. Hay olvidos intencionales como el abandono, la exclusión, el rechazo y la discriminación;  y objetos que tratan de ayudar a la memoria como las agendas, las alarmas, las tarjetas de disculpas y los perdones.

Y entre todos esos tipos de olvido, esta mi humilde caso. Yo me he olvidado de cómo escribir un par de líneas con sentido. Llamo a la unión para que alguien me devuelva lo que me olvide de hacer: escribir, tener ideas. Si todavía quería encontrar mi lugar de víctima en esta crisis, lo acabo de hacer. Me robaron la inspiración.

 

Georgina

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