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Cuestionados en todo el mundo, los musulmanes dicen no sentirse discriminados por los argentinos. Aunque mantienen sus tradiciones, supieron adaptarse a un país donde la religión no tiene demasiados seguidores.

 

El Islam es una religión muy cuestionada en el mundo, por sus costumbres, sus creencias y, para algunos, su excesiva veneración a Allah. No obstante, sus fieles son mayoría en todo el mundo.

En Argentina, país católico desde la llegada de los españoles, la situación es totalmente distinta. Los musulmanes corresponden a una minoría que arrivó al país en la última década del siglo XIX que formaron comisiones de fomento y asociaciones de socorros mutuos. Según la Guía de Diversidad Religiosa de Buenos Aires, en todo el país existen alrededor de 150 asociaciones culturales relacionadas al Islam que tienen distintas finalidades. El principal núcleo se encuentra en el Centro Cultural Islámico de la República Argentina, cuya infraestructura ocupa una manzana en el barrio de Palermo.

Contrario a lo que se cree, son una comunidad abierta. Realizan actividades como charlas, visitas guiadas y reciben amablemente a quien este interesado en conocer un poco más sobre el Islam. La mujer del Shej Al Ruwaily, Hala, explica en árabe: “A las visitas guiadas vienen grupos de universidades, colegios”. Ella es la encargada de la charla de mujeres, todos los domingos, donde se reúnen a tomar un té y reciben a musulmanas y no musulmanas. En la mezquita deben usar el velo mientras que para el día a día es una elección, su uso es casi unánime. Leira, proveniente del norte de África, señala: “El velo es elegido, cubre el pelo de la mujer que es símbolo de belleza. Es por una cuestión de pudor”.  Coinciden que la actitud de los argentinos en cuanto a decilres groserías se va con el uso del velo, que también provoca acciones como ceder el asiento del colectivo.

No sólo en la cantidad de musulmanes, Argentina se contradice con el resto del mundo. Acá no sufren discriminación y se les permite usar el velo tanto en el ámbito laboral como en la educación. Noelia, abogada egresada recientemente de la UBA, dice no haber sentido discriminación aunque si muchos preguntan por el velo y muy poco se preocupan en entender en que consiste el Islam. “En general, los argentinos no discriminan, nos miran como algo raro, distinto. Pero no nos discriminan como lo hacen con la gente de los países limítrofes”, señala Agustina, convertida al Islam hace 8 años. Esto se comprueba en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), donde los dictámenes del 2006 no hacen referencia a denuncias de musulmanes pero sí hacia algunas personas que profesan el judaísmo. Un empleado del INADI explica esta situación: “Puede que sea una cuestión cultural, que ellos no denuncien si sufren discriminaciones”.

Los musulmanes dan mucha importancia a la familia, al sentido de unión en ella. El hombre, por su forma de ser, es más influyente y la mujer tiende a seguirlo, pero tanto Agustina como Leira coinciden en que “la mujer es más influyente sobre la rleigión con los niños que los padres”. Por otro lado, no niegan que “hay de todo” como pasa en las demás religiones y no todo es exacto, aunque “se tiende a haber una demonización por casos aislados” comenta Agustina. Aclaran que para ellos poner a su papá en el asilo es algo feo porque como ellos cuidan de sus niños, los niños cuando crecen deben cuidarlos. “Los niños no deben quejarse a sus padres, por el esfuerzo que hicieron para cuidarlos” explica Leira, mamá de Mateo de 8 años que habla un poco de árabe. Hasta tecer grado los chicos pueden asistir al Colegio Rey Fahd, pero los niveles superiores no están incorporados todavía.

¿Por qué entonces el Islam es criticado por tratar con inferioridad a la mujer? “Hay muchos mitos con respectos al Islam”, afirma Agustina y explica Huda:  “Nosotros rezamos separadas del hombre para que no seamos una distracción para ellos ni ellos para nosotras, porque ese momento es de Allah, pero no significa que los hombres sean autoritarios. Se trata todo de respeto.” Se pueden maquillar y perfumar, según lo cuenta Hada. Los velos pueden estar decorados con brillos como el de Amal: “A mi me gusta estar chic, además si me lo permite mi marido no hay problema”. Una de las dificultades que encuentran acá en Argentina radica en las posibilidades para conseguir ropa larga que les tape el cuerpo, todo lo contrario a las mujeres argentinas. “Vamos a Once, ahí compramos las telas para poder hacernos la ropa” comenta Leira. Lo que se importa, es caro y en general se trata de ropa de fiesta. Los velos no son más que las pashminas que las argentinas utilizan al cuello, aunque aquellos que cubren todo el rostro y dejan sólo al descubierto los ojos, acá no se consiguen.

Si bien no se sienten discriminados, admiten que tienen cierta sensación de soledad porque “ser religioso no está de moda. Hoy lo que está de moda es el descontrol y no una vida con disciplina como la nuestra”, señala Agustina. Ellos valoran mucho el mes de Ramadán, cuando por 30 días se abstienen de comidas, bebidas, sexo, pensamientos malos, desde el amanecer hasta el ocaso. “El Islam es un beneficio espiritual y físico”, dice Agustina. Es que quienes profesan esta religión, no comen carne de cerdo porque contiene ácidos que no benefician a la salud. Leira asegura que “con el Ramadán estimulas la paciencia, esperas. Incluso después de que temina el ayuno, comemos liviano, cosas saludables y nos reunimos todos juntos a celebrar”.

Según la Secretaría de Culto de la Argentina, la Ley 24.757 establece que se declaran días no laborales para todos quellos que profesan el Islam, el día del Año Nuevo Musulmán, el día posterior a la Finalización del Ayuno y el día de la Fiesta de Sacrificio. Noelia, que trabajaba en un estudio jurídico indica que “respetan esa ley y el velo me lo permiten usar. Lo único que te piden es un comprobante que verifique que estás asociado a una mezquita”. Cuando los horarios de trabajo coinciden con los momentos para rezar, el Islam es mucho más flexible y pueden esperar al almuerzo y allí rezarle a Allah. De lo contrario, interrumpen su trabajo para realizarlas. Son cinco oraciones por día: una al alba, otra al mediodía, a media tarde, la del ocaso y la de la noche. De acerdo al Sheij Al Ruwaily, se trata de dedicarle cinco minutos a lo espiritual y salir de lo material.

Si bien mantienen gran parte de sus costumbres, también han sabido tomar aquellas del país que los recibió. No sólo toman café sandí y dátiles de Arabia, también disfrutan tomando mate y comen tarta de ricotra, como Mateo de 8 años que afirma “me encanta el mate”. Otra forma de acercarse a los argentinos está marcada por la radio. En FM Radio Mix se puede aprender un poco más del Islam a través de “Descubriendo el Islam” todos los martes. Quien se acerca al Centro, se encontrará con una gran cantidad de folletos que explican los principios del Islam. Pero, sobre todo, se encontrará con personas dispuestas a recibir y explicar sus creencias a aquellos curiosos con quienes conviven en este país. EN un mundo que los cuestiona por no querer adecuarse a las costumbres del país que los recibe, con mate en mano, los musulmanes en Argentina pueden afirmar que lograron una convivencia de dos sociedades sin faltarse el respeto la una a la otra.

 

*Esta nota fue hecha por María Rosario Arán para la cátedra Metodologías de la Investigación, el 8 de abril de 2008.

“I´m not a girl, not yet a woman”(no soy una niña, todavía no una mujer). Nada mejor describe  lo que se siente en la segunda década de vida. Mientras se mezclan los caprichos de una adolescente-incluso de una nena-con las responsabilidades propias de un adulto, las chicas de esta edad navegan  en un mar de indecisiones. Generalmente  son blanco fácil de las cuestiones que esas revistas que abundan en los kioscos mencionan: trabajo, amor, amistad, sexo, moda  y  estética.  Tampoco escapan del mundo conflictivo de hoy y forman sus opiniones  de los temas más candentes. Pero, sobre todas las cosas, se observan a sí mismas y su capacidad de criticar a los demás y,  en el contraste necesario para formar la propia identidad, se vuelven más pensativas y más precavidas de los tiempos que le tocan vivir.

 ¿Todas las mujeres de esta etapa son iguales? No. El estereotipo no se respeta. Probablemente, el objetivo que tiene este blog a muchos no les interese, porque ya tienen su perspectiva formada. Pero, ¡Cuidado! No todo lo que brilla es oro…  ¿Nosotras? Acá está el fin de la cuestión: daremos rienda suelta a todo eso real que nos sucede, desde lo más simplista e insignificante (inclusive, frívolo, si les gusta…pero admitan, ¡todos siempre tenemos algo de superficiales en algún momento!) hasta lo más complicado de expresar o compartir. Desde ese sweater que me queda mal, hasta el peor engaño amoroso. Y entre medio “de lo que dé para hablar”. Eso que pasa por nuestras cabezas y ocupa nuestros días. Nuestras o ajenas, pero siempre reales.

¿Cómo empezar el blog? Esa fue la primera pregunta. Surgieron muchas alternativas a la hora de armar el primer posteo: un diálogo, en forma de diario personal o como una crónica. Al final, nos inclinamos por la que mejor sabíamos hacer: un texto más semejante a una nota. Verán, combinamos nuestras vidas reales con aquella profesión que elegimos: el periodismo.  Nos enseñaron a perfeccionar nuestra escritura y tendemos a analizar las cosas de sobremanera.  Esto no resulta más que un reflejo de lo que creemos, pensamos y charlamos. Porque nos aburre la rutina y esto es una forma de hacer algo distinto, de tener algo que compartir que seguramente les pase a más de una…y mientras hacemos catarsis a través de los que más nos gusta hacer: escribir.

Y mientras nos balanceamos en la cuerda floja para alcanzar alguno de los dos mundos (entre la adolescencia y la adultez),  nos sentamos a expresarlo para que los demás lo compartan con nosotros. No siempre va a ser estructural-les advertimos, ¡la rutina nos aburre!- por lo que no esperen encontrarse siempre con lo mismo o de la misma forma. Hoy, capaz hablamos de esa maldita película que tiene final feliz cuando el mundo no es color de rosas. Mañana tal vez se hable de esos pantalones que no pueden haber vuelto a ponerse de moda. La semana que viene, quizás  no estemos de acuerdo con ese artículo que salió en el diario.

No somos profesionales, pero hacemos la práctica. Esperemos que lo disfruten y lo compartan porque: “Can´t be alone, under the mistletoe” (no puedes estar sólo, debajo del muérdago).